El_Espejo.es nº 85: septiembre 2009

  1. Contrataciones
  2. ¡ojo! con los despidos y las normas
  3. Vacaciones en la red
  4. Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras
  5. Morder en hueso
  6. Menudo es mi banco
  7. El largo sueño de una noche de bkverano
  8. Cierre de oficinas en agosto
  9. ayuda gubernamental para desempleados
  10. Y dejaremos el foro vacío de contenido
  11. Crónicas de andar por casa
  12. Centro hipotecario
  13. Barata, barata y bien cualificada
  14. beneficios segundo trimestre
  15. La Gripe A
  16. Autocares de Tres Cantos
  17. Despidos disciplinarios
    Acomiadaments disciplinaris
  18. Libre asociación de trabajadores
  19. Ampliación de capital
  20. 2 rue de San Pedro

Vacaciones en la red

Como todos los años en época estival tenemos que hablar de los efectos que la precariedad de las plantillas ocasiona en la red, tanto en el ánimo de sus empleados, como en la calidad del servicio.

Aunque el Convenio no distingue entre comerciales y administrativos para fijar la prioridad en el disfrute de las vacaciones, sí lo hace el banco, la práctica, y nosotros mismos. Y así, tenemos decidido y asumido que el personal comercial tiene que realizar las vacaciones en agosto, y el resto de los integrantes de la oficina, en otra fechas, que dependen a veces de su posible sustitución.

No importa quiénes sean los más antiguos, ni los que tengan hijos en edad escolar, ni las necesidades del servicio, basta con un acuerdo entre las partes implicadas. Acuerdo que toma como punto de partida la costumbre, ya convertida en norma, de que el director y los comerciales tienen que hacer el grueso de sus vacaciones en el mes de agosto. Y si damos por buena esta práctica, todo vale, y todo discurre en armonía.

Ahora bien, esta práctica unida a la escasez de plantilla administrativa en las oficinas, al poco valor que se le da al trabajo menos comercial y a la insuficiencia de los equipos volantes para cubrir las necesidades de plantilla, hace que año tras año, nos encontremos con situaciones de cierta irresponsabilidad, en las que puede plantearse si se cubren o no las necesidades del servicio.

Porque cuando no se puede garantizar una calidad mínima, la responsabilidad de los directores de oficina y centros, no es sólo la de alcanzar unos objetivos o la de procurarse el cobro de un bonus.

Los directores son gestores de personas y tienen que saber administrar los escasos recursos personales con los que cuentan, tienen que adoptar en algunos momentos medidas impopulares y tienen que saber que la normativa del Convenio está siempre por encima de una práctica que hemos adoptado como norma porque nos interesa. Por eso, un director de oficina, y por mucho que el Banco lo consienta, no debería admitir unos turnos de vacaciones en los que se cuente con el becario, no puede permitir que al quedarse una persona sola, por mucho que queramos defender esta postura alegando que es el mes de agosto, el servicio se vea perjudicado.

El mes de agosto de los últimos años, ya no es un mes inoperativo o un mes "refugio" que sirva para ponerse al día en todas aquellas tareas ingratas que dejábamos para agosto. Hoy son cada vez más las personas que entran en la oficina para pedir información o para tramitar gestiones. Año tras año, podemos ir observando cómo aumentan las transacciones de caja o cómo los clientes preguntan por el director.

Es también responsabilidad del director de la oficina velar para que, aunque sea agosto, nadie en la oficina se quede solo. Ni el subdirector, que es quien mayoritariamente se queda sin ayuda, consentirlo. Porque, al margen de la grave irresponsabilidad que significa ignorar los riesgos en los que incurre la persona que permanece sola en un recinto cerrado, el director es también el responsable de que el servicio quede debidamente atendido, de que los intereses de nuestros clientes no se vean perjudicados o sus necesidades demoradas. Y cada vez más en agosto, nuestros clientes continúan demandando la misma calidad y atención que en el resto de los meses. Servicio, calidad y atención que cada vez es más difícil que puedan obtenerlo cuando la plantilla de la oficina queda reducida a la mínima expresión. (Y no olvidemos que la calidad es además requisito del bonus para los subdirectores).

Por último, al ser gestores de personas, son también responsables de los efectos que sus decisiones provoquen en sus colaboradores, y cada vez que permiten o consienten una mala distribución de los turnos de vacaciones, están haciéndose culpables de la angustia y del estrés que la acumulación de trabajo produce en la persona que no puede dar salida al mismo, y que siente que no es capaz de cubrir unas expectativas o de cumplir con unos objetivos.

Nota aclaratoria: Al hablar de una sola persona, en la mayoría de las circunstancias nos estamos refiriendo a la insuficiencia de plantilla para dar la calidad y el servicio que nuestra actividad requiere, con independencia del número efectivo de personas que se encuentren en la oficina.

Elena Asensio